La curiosidad es una inequívoca muestra de inteligencia, y una de las bases de la ciencia. Teniendo eso en cuenta, el inolvidable cosmólogo y divulgador científico Carl Sagan nos decía en esta entrevista televisiva del año 1978 que los niños no hacen preguntas tontas, sino más bien muy inteligentes y profundas, que deberían ser contestadas adecuadamente por los grandes.
Cuando no ocurre así, y más bien se les contesta evasivamente, o haciéndoles pensar que preguntan tonterías, se mata el interés de conocer que tenían, y a largo plazo se propicia que el mundo desperdicie la capacidad de tener muchos más científicos de los que tiene, y que son indispensables para resolver los enormes problemas que padece.
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